Una sensación que hay que vivirla para entenderla, esos nervios del día anterior sabiendo que en 24 horas vas a estar enseñando a la gente lo que sabes hacer, lo que muchos toman como un simple deporte pero para ti es un estilo de vida, una forma de expresarte.
Estar en el vestuario con muchas chicas más y todas con el mismo motivo y la misma ilusión. Vistiéndote, poniéndote ese maillot que has hecho y elegido con tanta ilusión, peinándote y echándote litros y litros de gomina para que no se te suelte ningún pelo.
Y salir, salir a las gradas a esperar tu turno, aplaudir a cada chica o conjunto que sale y de repente oír tu nombre y saber que ya no hay vuelta atrás, te sube un escalofrío por el cuerpo y miras y ves que vas a salir al tapiz delante de cientos de personas y vas a dejar toda tu ilusión y esfuerzo en menos de dos minutos.
Dos minutos que más de una vez se te hacen largos, oyes aplausos mientras tu estas pendiente de recoger el aro que has lanzado y a la vez has hecho una voltereta, terminarla y recoger el aro, no puedes gritar pero te sube la emoción por dentro sabiendo que te ha salido bien.
Terminar el montaje con una sonrisa, orgullosa de ti y de tu esfuerzo y recibir miles de aplausos.
Vivirlo para sentirlo.

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